El fútbol no le debe a nadie y solo pasa facturas. Es el cobrador del frac. No hay Champions pendientes para el Atlético. La memoria solo vale para torturarse por lo que pudo ser y no fue. Como el remate de Giuliano a puerta vacía. O el penalti reclamado de Calafiori sobre Griezmann. Lo único que sobrevivirá al tiempo es el gol de Saka que metió al Arsenal de Arteta con dos tiros -en la misma jugada- en la final. La segunda, después de aquella de 2006 que le ganó el Barça. Los rojiblancos tendrán que seguir esperando. No apareció un renqueante Julián Álvarez. El epitafio de Griezmann en Europa tampoco fue el esperado.