El Atlético murió en la orilla, dando la cara, pero Mikel Arteta será el entrenador de uno de los equipos que estará en la final de Champions. Lo hará con el Arsenal, 20 años después de perder ante el Barça en París. La explosión de júbilo de los ingleses fue impresionante en el Emirates desatando el delirio de unos aficionados que van a vivir un final de temporada con el último partido de Champions y la posibilidad de ganar la Premier League. Ha sido una extraordinaria temporada del equipo de Arteta, pero debe concluir con algún título para poder superar ese síndrome de Poulidor, segundón, que ha acumulado al ser segundo en las tres últimas Premier, llegando con posibilidades a la última jornada. El reto es muy grande, la temporada, muy buena, pero los subcampeones no tienen premio. El sensacional trabajo llevado a cabo se debe refrendar con un título en fútbol. Es tan real como cruel.
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