El Barcelona, con solo dos titulares en el once inicial, goleó al Espanyol (1-4) y ganó la Liga F por séptima temporada consecutiva. El último campeón antes de esta racha barcelonista fue el Atlético de Madrid en el curso 2018-2019. A partir de ahí, la Liga es, y pinta que lo va a seguir siendo durante muchos años más, un paseo para las azulgranas. Las catalanas han amarrado el campeonato a falta de cuatro jornadas, con una distancia de 16 puntos sobre el Real Madrid y 21 sobre la Real Sociedad (ambos con un partido menos). La superioridad del Barça y la fuga constante de talento conlleva la falta total de incertidumbre en la competición. Cuando el título se decide con tanta antelación, la competición pierde emoción y muchos partidos se convierten en simples trámites. Esta desigualdad no solo afecta a la lucha por la Liga, sino también al interés general. Sin rivalidad real, el espectáculo se vuelve repetitivo y predecible, alejando a aficionados. Si no cambia, el riesgo es claro: una competición cada vez más rutinaria y con menor valor deportivo. Hace unas semanas, Reyes Bellver, directora de futbol femenino en la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) declaraba (según ella como crítica constructiva) que en La Liga F «sobran dos equipos, el calendario es insostenible». Es evidente que hace falta una reducción de equipos, pero no únicamente por el argumento del calendario. Al final, esa sobrecarga la sufren sobre todo las jugadoras del Barcelona y los resultados avalan que no les pasa factura, cada día ganan más y más fácil. Noticia relacionada opinion No No Es fútbol y es femenino Perdiendo 6-0 y de risas en el palco del Camp Nou Manuel MerineroEl verdadero problema es otro: la falta de competitividad real. Reducir el número de equipos, en cuatro o incluso en seis, permitiría concentrar el talento, elevar el nivel medio de las plantillas y generar una liga mucho más igualada. Con menos equipos, cada partido tendría mayor exigencia y sería más difícil prever el resultado, devolviendo esa incertidumbre que ahora mismo prácticamente ha desaparecido en la Liga. Solo así se podría romper, o al menos equilibrar, la enorme distancia que existe actualmente entre el Barça y el resto, construyendo una competición más atractiva, competitiva y sostenible a largo plazo . Hace poco, un afamado agente de futbolistas me decía: «Hay muchas jugadoras en La Liga F que no tienen el nivel ni para primera RFEF». Ahí radica el mayor problema, reducir el número de equipos en la Liga F implicaría también reducir el número de jugadoras en la élite, lo que elevaría automáticamente el nivel medio. Con menos plazas disponibles, el filtro sería más exigente y el talento se concentraría en menos equipos, formando plantillas más fuertes y equilibradas. Esto provocaría partidos más competidos y menos previsibles, donde incluso un equipo dominante como el Barcelona tendría mayores dificultades para imponerse con tanta facilidad. En definitiva, menos equipos supondría más exigencia, más igualdad y una liga mucho más competitiva. En este contexto, las declaraciones de Reyes Bellver suenan, cuanto menos, alejadas del verdadero origen del problema. Reducir el debate al calendario o a que «sobran equipos» es una lectura incompleta que evita señalar lo esencial: la gestión de los recursos y la planificación global de la Liga F. El problema no es tanto cuántos partidos se juegan, sino cómo se distribuyen y aprovechan los recursos para equilibrar la competición. La distancia entre proyectos como el del Barcelona y el resto no responde al calendario, sino a diferencias estructurales que la Liga no ha sabido corregir ni compensar con políticas eficaces de desarrollo, inversión y reparto competitivo. Profesionalizar de forma homogénea, reforzar a los clubes intermedios y crear un entorno donde la igualdad no dependa del azar, sino de una estrategia seria y sostenida. Solo así la competición podrá ser realmente equilibrada y competitiva a largo plazo. Enhorabuena, Barça.