En una angustiosa tanda de penaltis, la Real Sociedad recuperó la corona de la Copa cinco años después y sumió en una gran depresión al Atlético, que quizás mereció más, pero que no supo esquivar a Marrero en el abismo. El portero fue autor de dos paradas para el recuerdo, como el tanto final de Marín, que, al fin, permitió a la afición donostiarra celebrar el título con su público, como es debido. Después de una previa de lo más intensa, con réquiems, política e incluso tanquetas de la Policía Nacional, comenzó una nueva batalla en La Cartuja, excelente su ambiente, por la ansiada Copa del Rey. El estadio solo tardó unos segundos en venirse abajo desde el fondo sur, inesperada la primera jugada orquestada por la Real, fino el centro desde la izquierda de Guedes y sensacional el cabezazo de Barrenetxea , que se adelantó a las marcas de Le Normand y Ruggeri pese a sus 174 centímetros de estatura. Los vascos ya mandaban en el marcador y solo habían transcurrido 14 segundos de final. Ver para creer. Al Atlético no le quedaba más remedio que recomponerse del prematuro impacto y comenzó a crecer gracias al balón parado, uno de sus salvavidas habituales. Mientras, los de San Sebastián eran todo corazón y valentía, presionaban como una manada famélica y su ambición los llevaba incluso hasta el área de Musso. Atlético de Madrid Musso; Nahuel Molina (Cardoso, m.78), Pubill, Le Normand, Ruggeri (Nico González, m.62); Giuliano (Baena, m.70), Koke, Llorente (Lenglet, m.99), Lookman (Sorloth, m.62); Griezmann (Almada, m.70), Julián Álvarez. Real Sociedad: Marrero; Aramburu (Elustondo, m.113), Caleta-Car, Jon Martín, Sergio Gómez (Kubo, m.88); Turrientes (Gorrotxategi, m.68), Sucic, Soler; Guedes (Aihen Muñoz, m.78), Barrenetxea (Pablo Marín, m.68), Oyarzabal (Oskarsson, m.78). Goles: 0-1: Barrenetxea, m.1; 1-1: Lookman, m.18; 1-2: Oyarzabal, m.45; 2-2: Julián Álvarez, m.83. El árbitro: Alberola Rojas. Amonestó a Oyarzabal, Le Normand, Musso, Gorrotxategi y Elustondo. Fue Griezmann, como siempre, el que empezó a dar un poco de sentido al juego de los colchoneros, siempre finos y con intención sus pases. Uno de ellos fue a parar directo a la frontal del área y Lookman , con una maniobra indetectable, se giró para batir a Marrero con un ajustado disparo al palo largo. Como el mejor de los boxeadores, el Atleti no había sucumbido a la lona y ya estaba en pie de nuevo.Ni mucho menos se relajó la final después del empate, otra vez a la carga los vascos, salvaje un disparo de Guedes que casi acaba en el 1-2, intenso y bello el intercambio dialéctico entre unas aficiones que se derretían con el alto nivel futbolístico mostrado por sus ídolos. Un espectáculo digno de los dioses que tuvo un nuevo giro de guion al borde del descanso, cuando Musso, en un salida, se llevó por delante a Guedes. Alberola Rojas no dudó ni un instante y señaló penalti. Oyarzabal , uno de los hombres más letales del planeta desde los 11 metros, volvió a poner en ventaja a los suyos. Parecieron salir los rojiblancos con otra cara tras el descanso, más intensos en la presión y más expeditivos en ataque, quizás espoleados por los fantasmas de una hipotética derrota. Pese a todo, el hacer de la Real era muy resultón, sólido en defensa y serenas sus posesiones hasta que Soler, Guedes o Barrene recibían y ponían la quinta en la zona de tres cuartos. Y si todo fallaba, por allí aparecía Oyarzabal para sacarse de la manga una de sus genialidades. Griezmann, en cambio, estaba muy solo en la sala de máquinas, el bando madrileño pedía a gritos un refuerzo desde el banquillo para igualar una batalla que se le empezaba a poner muy cuesta arriba. Botaban como nunca los seguidores vascos, tanto que parecía que La Cartuja se iba a desmoronar, aunque una tremenda internada de Llorente rematada por un chut de Lookman, esta vez desviada la puntería del nigeriano, consiguió silenciarlos durante unos segundos. Simeone, con media hora para el final, desempolvó al fin su munición extra y dio entrada al campo a Nico González y Sorloth. Unos cambios que no dotaron al Atleti de la velocidad esperada, borracho de balón pero sin muchas ideas célebres cuando se acercaba al borde del área. La Real parecía tener controlada la situación, aunque es cierto que el más mínimo fallo podía dinamitar su firme estructura. Convertida la Real en búnker ansioso por la victoria, el Atleti buscaba un milagro en los últimos minutos, un acto de fe, un héroe al que venerar. Y fue Julián Álvarez el que levantó la mano, mesiánica su maniobra antes de destrozar la portería rival con un zapatazo para el recuerdo. Una obra de arte que pudieron coronar Baena y Cardoso, pero sus fallos, casi a puerta vacía, fueron garrafales y la prórroga, inevitable. En el tiempo añadido, Musso fue el primero en ganarse los aplausos, muy seria su doble parada a bocajarro. Acción que tuvo una contundente respuesta de Julián al estrellar un misil en la cruceta que dejó petrificado a Marrero. Las tumbas estaban listas para enterrar a cualquiera de los dos contrincantes, escena aún más dramática después de la llegada de los infernales penaltis. En la última frontera, Marrero detuvo los lanzamientos a Sorloth y Julián, mientras que Marín, con un cohete imparable, coronó a la Real.