Hay entrenadores que llegan a Primera con un discurso aprendido y otros que llegan con una convicción. Sergio Francisco pertenece a los segundos. Su ascenso a la élite no parece fruto de la casualidad ni del empujón de una racha puntual. Es el resultado de un tipo que ha trabajado desde abajo, que se ha curtido en campos sin focos, que ha aprendido a gestionar vestuarios con más ilusión que fútbol y que, cuando por fin le llegó la oportunidad, no se encogió. Hay técnicos que alcanzan Primera como si tocaran un techo, y otros que lo rompen. Sergio es de estos últimos.