<!–[CDATA[El fútbol, en su infinita capacidad para lo imprevisible, nos regaló en Anoeta un choque de realidades antagónicas. Por un lado, la Real Sociedad de Pellegrino Matarazzo, que comparecía ante su gente con la aureola de campeón, luciendo ese máximo histórico que supone la Copa del Rey. Por el otro, el Getafe de Bordalás, un equipo que ha hecho de la optimización de recursos una forma de vida y que salió victorioso del templo donostiarra aplicando la ley del mínimo esfuerzo estético para el máximo rédito clasificatorio.
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