<!–[CDATA[El fútbol tiene memoria selectiva y, a veces, una puntería cruel. En apenas once días, Eduardo Camavinga ha pasado de ser un comodín valioso a convertirse en ese jugador al que la cámara busca cuando algo sale mal. Mallorca, Girona y Múnich componen una pequeña trilogía incómoda, de esas que dejan poso. Y en el fondo, el retrato de un Real Madrid que se le escurre la temporada sin agarrarse a nada.
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