La despedida de Aritz Elustondo deja un vacío que los números no alcanzan a explicar. Se va el capitán, el bicampeón, pero sobre todo se va el niño que en 2013 animaba en Riazor como un aficionado más antes de convertirse en leyenda. Es de justicia alabar al futbolista: 310 partidos y una fiabilidad absoluta en las grandes citas, desde la Champions hasta la Copa, siempre con el cuchillo entre los dientes y un compromiso innegable.
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