Todo arrancó a finales de diciembre. Joan Peñarroya firmó por el Partizan de Belgrado, decimoséptimo entonces en la Euroliga, tras su etapa previa en el Barça con el único objetivo de enderezar el rumbo del equipo serbio. No era misión sencilla, pues tenía el difícil reto de reemplazar a todo un mito viviente y más que querido por la afición como Zeljko Obradovic.
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