Nada nuevo en la caverna. Cuando aquí teníamos a Ronaldinho, que contagiaba alegría con su fútbol, la prensa de Madrid decía que Robinho era incluso mejor que el Gaúcho. El tiempo, y un Balón de Oro, callaron algunas bocas. Ayer, precisamente, se cumplían 20 años de la ovación del Bernabéu a Ronaldinho por su golazo a Casillas, la noche del 0-3 de Rijkaard.