Todo lo futbolístico pasa a un segundo plano ante una causa tan noble como es denunciar y visibilizar el sufrimiento que lleva viviendo Palestina en los últimos años. Lo que sucedió sobre el terreno de juego de San Mamés fue secundario, en esta ocasión trascendente era el envoltorio. Pero se jugó un partido. Si ya es difícil que cualquier amistoso tenga ritmo, más aún lo es cuando se reúne un grupo de futbolistas no acostumbrados a jugar juntos y con casi todos mirando de reojo a un calendario muy cargado.