En Tiflis acaba el partido que clasifica virtualmente a España para el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá en 2026 (solo un 0-7 o similares de Turquía lo evitaría el martes) y, cerca de la medianoche, se abre el abanico de las rutinas que han convertido a la selección en una maquinaria casi perfecta, un gusto para el paladar cada aparición de la ‘Roja’ y un candidato a todo en la Copa del Mundo. Los jugadores que no participaron en el encuentro contra Georgia (0-4, otra goleada en el estadio Boris Paichadze) comienzan una cadena de ejercicios de alta intensidad adiestrados por el preparador físico Carlos Cruz. Ya se ha bajado a vestuarios en el descanso el analista de datos, Pablo Peña. Y a la sala de Prensa acude Luis de la Fuente con su fiel psicólogo Javier López Vallejo, quien en los últimos tiempos se hace acompañar del director de fútbol Aitor Karanka.Es el mundo de los hábitos entendidos como un equilibrio emocional, estabilidad ante todo en un equipo que requiere esa premisa. No gustan las sorpresas, ni los cambios bruscos de decorado. La selección suele hacer siempre lo mismo, en logística, viajes, estudio de partidos, reuniones, horarios, ruedas de prensa…Ni siquiera cuando le cae una pregunta para su lucimiento personal, Luis de la Fuente se explaya. Recurre a su vieja fórmula del discurso aprendido. «¿De dónde le viene la inspiración para que la selección juegue así?», se le pregunta. Y la respuesta es de carril: «Tenemos una idea de juego, sí, pero sobre todo tenemos futbolistas. Permitidme que recuerde que conocemos bien a los futbolistas. Poca gente conoce como nosotros esa fortaleza, sabemos los futbolistas que se pueden adaptar a nuestra idea de juego. Hay otros que también valdrían, pero son estos los que necesitamos. Quedaría bonito decir que yo estudié en Harvard, pero no, soy más básico, y nuestro trabajo consiste en dejar que ellos desarrollen su capacidad».La selección presenta una hoja de servicios intachable, 19 goles a favor, ninguno en contra en esta fase de clasificación, 30 partidos sin perder en la mejor racha de éxitos de cualquier equipo nacional (por delante de los 29 de Vicente del Bosque) y una clasificación para el Mundial aún no matemática, salvo un 0-7 o similar de Turquía en Sevilla.Y De la Fuente sigue con sus ideas, que son sólidas y parecen de otro tiempo en este mundo y este fútbol que navega a toda velocidad. «Lo primero en este grupo es el respeto, al rival y a nosotros mismos. Y aún no estamos clasificados. Tenemos que tener los pies en el suelo y hasta que matemáticamente no se consiga, hay que mantener esta actitud», dice. Y vuelve al mantra conocido. «En este grupo hay muy buenas personas, además de extraordinarios futbolistas».«Es un gran motivo para estar orgulloso de estos jugadores, tengo la suerte de dirigir a jugadores de esta dimensión, histórica, y queda mucho recorrido. Seguimos deseando conseguir más cosas, mejores resultados, es muy bonito poder dirigir a este grupo de jóvenes jugadores que no se cansan de trabajar para mejorar», añade el entrenador.Cumpleaños en la primera faseComo descatalogado del deporte actual que exige depredadores, el seleccionador también va a vivir una experiencia nueva de su parte en el próximo Mundial de Estados Unidos, México y Canadá. Será su debut en una cita mundialista. Cumplirá 65 años en la primera fase de la competición. En la edad en la que la población española pone en marcha su jubilación laboral, De la Fuente será un novato. Como jugador tampoco acudió a un Mundial: fue cuatro veces internacional sub 21 y olímpico en Seúl 1988.España es uno de los países más firmes en su constancia mundialista. Ha participado en los últimos doce campeonatos del mundo, en una secuencia que se ha convertido en uso y costumbre desde Argentina 78, aquella clasificación en Belgrado con el botellazo a Juanito, el gol de Rubén Cano y José María García a pie de campo que culminó con una triste eliminación y el gol fallado por Cardeñosa ante Brasil.España asume como algo normal acudir a un Mundial, sin mirar en el espejo lo que sucede en Italia. Un país que sí vive a su selección como un motivo de unidad sin confrontaciones partidistas. Italia no estuvo en los dos últimos Mundiales (Rusia 2018 y Qatar 2022) y necesita colocar nueve goles a Noruega para evitar la repesca de los segundos clasificados. Un disgusto colectivo que puede tener continuidad en 2026.Antes de todo esto, habrá un torneo de nuevo cuño que la FIFA se ha sacado de la manga por si no hubiera ya pocas competiciones en el fútbol. Se trata de la denominada ‘finalísima’. Un duelo entre el campeón de América, Argentina, y el de Europa, España, que tendrá lugar en la ventana de finales de marzo, probablemente en Qatar. Será la próxima aparición de la selección española después del partido del martes ante Turquía (20.45 h., La Cartuja, Sevilla), más de tres meses para evitar más líos con las lesiones y los comunicados de última hora.