Bélgica afrontaba el partido contra Kazajistán como absoluta favorita, con la esperanza de certificar su clasificación para el que sería su cuarto Mundial consecutivo. Enfrente, una selección kazaja que apenas se jugaba nada; sus opciones de alcanzar siquiera el repechaje eran ya prácticamente nulas. Como detalle destacado más allá de lo futbolístico, los Diablos Rojos estrenaban en el Astana Arena la camiseta que, salvo sorpresa, lucirán en el próximo campeonato mundialista.