Son muchos los héroes que han encumbrado a la Real Sociedad como campeona de la Copa del Rey 2026, magnífica su persistencia en una final donde el Atlético amagó con desintegrar a los vascos aunque, finalmente, fueron los madrileños los que abandonaron La Cartuja sevillana con la cabeza gacha y una profunda sensación de impotencia. Por supuesto, Pellegrino Matarazzo , San Rino desde hoy en adelante, fue el que más pasiones levantó una vez finalizado el encuentro. No solo se convirtió en el primer entrenador estadounidense en conquistar un título en una de las grandes cinco ligas europeas, sino que lo hizo con un estilo único, sobrado de carisma, sonrisas y con un libreto para relacionarse con los medios que parece de una época ya extinta. Y qué decir de Unai Marrero , un chico con tan solo una veintena de partidos disputados en la élite que, por momentos, pareció poseído por el mismísimo Arconada, legendarias sus paradas ante Julián Álvarez y Sorloth, los dos mejores lanzadores del bando colchonero. Un tridente que, sin duda, completa Pablo Marín, autor de la última estocada de una noche que amenazó con volverse eterna. El centrocampista, de solo 22 años, masticó con firmeza la intensa presión para, con un disparo excelente, alto y a la escuadra, batir a Musso y devolver a lo más alto del podio al equipo de sus amores. Una historia que cobra aún más relevancia si se tiene en cuenta que el canterano donostiarra, hace solo seis años, era uno de los recogepelotas del equipo junto con otros chicos con los que ahora comparte vestuario, como Aihen Muñoz, Elustondo, Turrientes o Barrenetxea. De hecho, después de su heroísmo desde los once metros, se viralizó una foto en la que Marín, con 16 primaveras, sale celebrando junto a Oyarzabal , Illarramendi, Montreal y compañía uno de los goles de la Real ante el Mirandés en la edición copera de 2020. La misma que los de San Sebastián acabarían conquistando un año después debido a la pandemia del coronavirus, que obligó a disputar la final en 2021 y sin público en las gradas. «Antes de la tanda sí que estaba un poco nervioso, pero cuando ha llegado el momento, creo que he estado muy tranquilo y sereno. He tirado ahí arriba y ha entrado», aseguró Marín, que también declaró la pasión que siente por los colores que defiende. «Para mí, la Real es mi vida y esto es todo lo que podía soñar».La eclosión definitiva de un jugador con una pinta tremenda que, pese a surfear ahora en la cresta de la ola, le ha tocado ganarse un hueco en la Real a base de mucho empeño. Pablo (Logroño, 2003), hijo del exfutbolista Fernando Marín , que militó en clubes como el Logroñés o el Mirandés, llegó a la Real de adolescente, y no fue hasta 2023 cuando comenzó a participar con regularidad en el día a día del primer equipo gracias, en parte, a la fe que Imanol Alguacil tenía en su talento, el mismo que le permitió debutar en Primera división contra el Valladolid ese mismo año. Noticia relacionada general No No Chasco para Julián Álvarez: decisivo, pero sin título Javier AsprónSin embargo, tendría que esperar hasta el pasado invierno, cuando fue renovado, para tener una taquilla fija en Zubieta y competir por minutos en una zona poblada de grandes jugadores, como Barrenetxea, Guedes, Sucic o Kubo . Desde entonces, cabalga con fuerza entre el rol de titular y el de revulsivo en las segundas partes, justo como ocurrió el sábado en La Cartuja, cuando sustituyó al ya mencionado Barrene en el minuto 68 sin saber que estaba a las puertas de convertirse en un héroe eterno para la Real Sociedad.