Luce Sevilla folclórica y calurosa, ansiolítica su primavera, consistente su compostura ante un turismo desaforado y el inicio de la Feria de Abril . Los anglosajones colonizan las terrazas, las diferentes lenguas se mezclan como en Babel y los jóvenes locales recogen de las tintorerías sus blancas camisas antes de una agitada noche. Casi no da la sensación, al menos en el barrio de La Alameda, muy próximo al estadio de La Cartuja, de que este sábado ( 21.00 horas, La 1 ) la ciudad hispalense acogerá por séptimo año consecutivo la final de la Copa del Rey , con las armas afiladas Atlético de Madrid y Real Sociedad antes de uno de los grandes partidos de la temporada. Los rojiblancos rehúyen del favoritismo y los vascos amasan con fuerza su papel de tapados, pero con certeza ambos bandos ansían un trofeo glorioso que también sirve de paracaídas. El Atleti reconquistaría un título esquivo desde 2013 a la vez que calmaría las pretensiones de su afición y renovada directiva en caso de que su aventura en la Champions tuviese un final trágico; por su parte, los donostiarras, campeones en la edición de 2020 aunque disputada el curso siguiente por la pandemia, olvidarían una campaña de lo más irregular y conseguirían certificar el proyecto comandado por el inesperado Matarazzo de cara a los próximos años. Lucen mucho más poderosos los chicos del Cholo, un equipo hecho y derecho que ha crecido como la espuma en los últimos meses gracias al buen estado de forma de hombres como Julián Álvarez, Llorente, Griezmann, Lookman, Musso o Pubill, más después de confirmarse el Barcelona como su última víctima . Una falange que solo traga saliva cuando se le pregunta por Mikel Oyarzabal . El delantero de 28 años pasa por uno de los mejores momentos de su carrera, frío y letal a partes iguales, encaminado a la titularidad con España en el Mundial de este verano y dispuesto a agrandar su leyenda con la única camiseta que ha vestido desde que tenía 14 años, cuando ingresó en la cantera de los de San Sebastián. Sensaciones deportivas aparte, lo que está claro es que el inminente choque pertenece a unas aficiones a las que la expansión del coronavirus privó de celebrar en las calles sus últimas conquistas. La ya mencionada Copa lograda por la Real no tuvo público en las gradas debido a las restricciones sanitarias, fantasmagórica la escena en La Cartuja, una celebración deprimente si se tienen en cuenta las cotas festivas que hubiese alcanzado en condiciones normales, pues los blanquiazules se impusieron a su enemigo más íntimo, el Athletic de Bilbao. Un poco más ajetreada fue la Liga conseguida por los rojiblancos, también en 2021. Los goles de Correa y Luis Suárez en Zorrilla, campo del Valladolid, desataron una espontánea celebración entre hinchas y jugadores en los aledaños en las que no se respetaron ni distancias de seguridad ni la utilización obligatoria de las mascarillas. La lluvia de críticas ante la escena fue considerable, la celebración en Neptuno inexistente y a los pupilos de Simeone les tocó recibir el trofeo sobre el césped del Metropolitano ante un puñado de periodistas en las gradas. Noticia relacionada general No No Real Sociedad Caleta-Car: «Tenemos todo lo que necesitamos para ganar al Atlético» Rubén CañizaresEscenas que nada tendrán que ver con las que se vivirán hoy en la capital andaluza, desplazados cerca de 50.000 aficionados de ambos equipos según las estimaciones oficiales. Un jolgorio digno de la Copa en la que, además, también se ha colado un buen puñado de ultras. Según ha podido saber este periódico, un total de 400 radicales, 200 de cada bando «a grosso modo», llegaron ayer a Sevilla desde Madrid y San Sebastián. «Se está monitorizando a todos los que no vienen a ver el partido (…). No somos ajenos a la realidad de los ultras de los dos equipos», declaró el pasado jueves Francisco Toscano , subdelegado del Gobierno en la ciudad. Se refiere el político a uno de los episodios más oscuros del fútbol español. El 8 de diciembre de 1998, en las inmediaciones del Vicente Calderón, el seguidor de la Real Aitor Zabaleta fue asesinado por un ultra rojiblanco con un arma blanca, una herida mortal que también generó un sentimiento de animadversión irreparable entre ambos grupos radicales, los RSF Firm y el Frente Atlético. Por tanto, ante un posible reencuentro y las dimensiones de Sevilla, cuarta ciudad más poblada de España, la Policía se ha visto obligada a desplegar un dispositivo sin parangón, con 1.600 agentes reforzados con 230 policías locales, 50 voluntarios de Protección Civil, bomberos y seguridad privada. Así, los chupópteros han aprovechado el partido y la tensión para sacar rédito de cara a su electorado. Arnaldo Otegi , líder de EH Bildu, no solo recordó la figura de Zabaleta, sino que alentó a los aficionados de la Real a «llenar el campo de ikurriñas para demostrar que no somos de España». En un país en el que su presidente aplaude el boicot al campeonato ciclista más importante de su geografía, cualquiera puede tirar piedras contra uno de los torneos más emblemáticos de su fútbol.