Rozaban las siete y media de la tarde cuando Mikel Oyarzabal y Jokin Aperribay, el líder y el presidente de la Real Sociedad, llegaban al Ayuntamiento de San Sebastián. Portaban entre ambos la Copa del Rey que el sábado pasado alzaron al cielo de Sevilla tras vencer en una tanda de penaltis agónica contra el Atlético de Madrid. La cuarta en la historia del club ‘txuri urdin’, que logró la última en 2021 y que no pudo celebrar a causa de las restricciones impuestas por la pandemia del Covid. Emociones contenidas liberadas este lunes ante cien mil personas (según las previsiones de las autoridades), reunidas para festejar el título en los jardines del Alderdi Eder. La kalejira (defile, en euskera) había partido una hora y media antes desde el Reale Arena para recorrer las calles de la ciudad, donde las ramas de los árboles estuvieron a punto de provocar algún susto. «Txapeldunak», se leía en la parte delantera del autobús, donde estaba dispuesto el trofeo y del que no se despegó, como otros integrantes del equipo de los botellines de cerveza y las botellas de champán, Mikel Oyarzabal. El capitán de la Real fue clave con su gol de penalti y, presumiblemente, también lo será para la Selección Española en el Mundial del próximo verano, en el que se ha asegurado con su rendimiento el puesto de delantero centro. A su llegada al Ayuntamiento, Rino Matarazzo, que en menos de un año ha dado la vuelta a un equipo que antes de su llegada mostraba síntomas depresivos, se abrazaba con Jokin Aperribay. De fondo, en la playa de la Concha, una decena de barcos se unían por mar a la fiesta, decorada con el blanco y azul que el sábado tiñó a medias Sevilla y este lunes la capital de Guipúzcoa al completo. Ya en el balcón del consistorio y tras un ‘aurresku’ de honor, que presenciaron tanto el alcalde de San Sebastián Jon Insausti como el lendakari Imanol Pradales, Oyarzabal cogía el micrófono.«Hace cinco años no pudimos celebrarlo con vosotros. Por los que estamos y por los que no están… gracias», dijo mientras se entonaban cánticos de «balón de oro» y en recuerdo de Aitor Zabaleta, aficionado de la Real asesinado por un ultra del Atlético en 1998. «Espero que esto no sea más que el inicio», siguió después Rino Matarazzo que leyó un discurso escrito en euskera y pronunciado con acento de Nueva Jersey. Primer año, primer título para el técnico norteamericano. Tras ellos también tomaron la palabra el MVP de la final, Unai Marrero, y Orri Óskarsson, que se animó a cantar su célebre canción: «Por la mañana café, por la tarde ron, llévame a Sevilla Orri Óskarsson…». Tras pasar uno a uno por delante de su afición, con Aritz Elustondo como maestro de ceremonias y con alguna interrupción por atenciones médicas entre el público, foto para la historia (en 1909 consiguieron su primera Copa como el club ciclista San Sebastián) y a pensar en la Liga. Los donostiarras, con seis partidos por delante, piensan en lograr una plaza directa para la Champions. Unos objetivos que contrastan con los de su máximo rival en el País vasco. El Athletic Club, que este lunes renovó su directiva con Jon Uriarte repitiendo en el cargo de presidente y sin tener clavo el relevo de Ernesto Valverde en el banquillo, pide a los suyos un último esfuerzo para asegurar la salvación en Primera.