Cuando Vinicius, minuto 43 del partido ante el Valencia, falló el lanzamiento de penalti (lo paró Aguirrezabala) a Xabi Alonso le cambió la cara. El brasileño se había autoproclamado como el encargado de tirarlo con el beneplácito de Mbappé, que es el primer ejecutor pero que cede su puesto sin rencor en caso de que haya más de un penalti en el partido. Hasta ahí todo bien. Es el trato. Pero la cuestión es que el trato no lo ha firmado Xabi Alonso, el entrenador, sino que es un contrato privado que se ha hecho en el vestuario y que está ta generando algunas dudas en el equipo merengue.